Meta RD 2036
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Mas allá del inventario de obras concluidas, promesas de nuevas o de culminación para las no resueltas, la rendición de cuentas del presidente Luis Abinader el pasado 27 de febrero se destacó porque lo externado se hizo bajo el marco de la Meta RD 2036, una promesa de país desarrollado que pretende ordenar el debate más allá del ciclo electoral.

Su discurso estuvo blindado con indicadores de crecimiento en 2025 y la proyección para 2026 (exportaciones al alza e inversión extranjera por encima de los cinco mil millones de dólares) cifras que apuntan a una conveniente narrativa de confianza y estabilidad.

Pero el giro más potente fue tecnológico. Los anuncios de acuerdos con NVIDIA para un Centro de Excelencia en Inteligencia Artificial y con Google para un “Puerto Internacional de Intercambio Digital”, colocan al país en una conversación regional de conectividad y economía de datos. En lo social, el presidente insistió en la red de apoyos y en la titulación como símbolo de movilidad.

Planteamientos que, junto al tema fronterizo, el de combate a la corrupción y el compromiso ante la situación energética, lucen interesantes pero que deben ser acompañados de más acción porque a Luis Abinader solo le quedan dos rendiciones de cuentas (2027 y 2028), o dicho de forma más clara, el tiempo se le agota.

Por tanto, el llamado – y la presión- debe ser al funcionariado para que sepan que tienen que espabilarse porque Meta RD 2036 solo será creíble si el país puede auditar avances; cerrar obras pendientes y cumplir fechas sin ese “muy pronto” eterno. Porque la confianza pública no enuncia ni se decreta, se construye entrega por entrega.


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