El porqué
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Triste y paradójicamente, la única razón por la que el gobierno decidió flexibilizar las medidas de confinamiento a partir de mañana ha sido la propia gente que con su indisciplina e irresponsabilidad ha dificultado la lucha contra la propagación del Covid-19.

Las cifras son claras y evidencian que el desempeño de las autoridades en los escenarios donde ellas si tienen el control, como es el caso de los ya afectados y cuya letalidad no supera el dos por ciento, o el de los miles de recuperados, ha sido correcto.

Solo que para contener de manera efectiva la avalancha de infectados es necesario, aparte de cualquier medida que se imponga, la colaboración ciudadana y ha sido precisamente lo que no ha ocurrido con el mandato al uso adecuado de las mascarillas, el distanciamiento físico , la higienización constante de las manos y el cumplimiento del toque de queda.

Y es que si no hay un cambio de mentalidad en personas que pese a ver casi 9 mil casos en la última semana, prefieren mejor pelear que cambiar, no era ni sensato ni rentable seguir afectando la economía en una cruzada que bajo esa realidad no iba a dar los resultados deseados y era mejor redefinir en función al bienestar de la mayoría.

La matemática del virus es tan macabra como real y muestra que sin saber quienes serían los desgraciados, de por cada cien diagnosticados dos van a morir; que de mil fallecerán 20 y así sucesivamente. Por tanto, y hasta que llegue la vacuna, la responsabilidad se torna más individual que antes. Si somos cuidadosos y asumimos con rigurosidad el protocolo no debemos tener problemas, pero si no lo hacemos ya estamos en problemas.


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