Posición de Estado
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La postura del excanciller Andrés Navarro García (2014-2016) sobre la X Cumbre de las Américas es un verdadero ejercicio de Estado. Respaldar la no inclusión de Cuba, Nicaragua y Venezuela en el evento es un recordatorio de que hay reglas, instituciones y un interés nacional que deben prevalecer sobre el inmediatismo y la pasión partidaria.

Navarro pone el acento donde corresponde al recordar que la Cumbre no es propiedad de un gobierno de turno ni una plaza para ajustes de cuentas ideológicos sino un proceso del sistema interamericano con procedimientos y criterios que trascienden, incluso, al país anfitrión. Asumirlo así es prudente y técnicamente correcto porque, además, envía la señal de que aquí hay continuidad institucional y respeto por las formas.

Obviamente que habrá voces que calificarán la decisión como de alineamiento geopolítico habrá otros que se ausentarán y algunos que amenazarán con hacerlo, pero gobernar —y organizar— significa también enfrentar riesgos y si el anfitrión confunde hospitalidad con desorden normativo, pierde la Cumbre y se pierde a sí mismo.

Solo que en una cultura política donde el “no” automático parece reflejo, lo notable es que este respaldo venga de un alto dirigente opositor ya que este “sí” a la institucionalidad reubica el debate porque cuando la oposición reconoce un fundamento correcto, el oficialismo queda obligado a estar a la altura.

La política exterior es una arquitectura y no debe vivirse como dentro de un ring, y Andrés Navarro, quien por cierto también es arquitecto, recuerda que esa arquitectura se sostiene con reglas y no con aplausos momentáneos. En un país hambriento de consensos básicos, este gesto, sobrio, documentado, sensato y nacionalista, vale más que cien discursos inflamados. Enhorabuena.


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