Ramsés II, el faraón que viajó con “pasaporte” y honores de Estado 3,000 años después de muerto

En 1976, el legendario faraón Ramsés II protagonizó uno de los episodios más insólitos de la historia moderna: su momia fue trasladada en avión desde Egipto hasta París para someterse a un complejo proceso de restauración. El hecho dio pie a una historia que aún hoy fascina al mundo: la del único cadáver que habría viajado con “pasaporte” oficial y recibido con honores de Jefe de Estado.
Un viaje histórico para salvar una momia milenaria
La decisión de trasladar los restos del faraón respondió a un problema urgente. Conservadores del Museo de El Cairo detectaron un grave deterioro en la momia, afectada por hongos, bacterias y daños estructurales producto del paso del tiempo y de múltiples traslados.
Ante la amenaza de pérdida irreversible, Egipto autorizó su traslado a Francia, donde se desarrolló el denominado Proyecto Ramsés II, una operación científica sin precedentes que implicó tecnología avanzada y estrictos protocolos de conservación.
Para evitar riesgos legales o retenciones aduanales, la momia debió cumplir con los trámites migratorios correspondientes. Con el paso de los años, se difundió la versión de que se le habría emitido un pasaporte oficial egipcio. En 2020 circuló incluso una imagen del supuesto documento, aunque posteriormente se confirmó que se trataba de una ilustración publicada por la revista Heritage Daily.
Más allá del mito, lo cierto es que el traslado fue tratado con rigurosidad diplomática y ceremonial.

Honores militares en suelo francés
Ramsés II partió desde el aeropuerto de Heliópolis, en El Cairo, escoltado por autoridades egipcias y francesas, incluida la reconocida egiptóloga Christiane Desroches-Noblecourt. A su llegada al aeropuerto de Le Bourget, en Francia, fue recibido por altas autoridades del Estado francés y un destacamento militar.
La escena resultó tan simbólica como singular: una momia de más de tres mil años ingresando al país europeo bajo protocolo de Estado, reflejo del respeto histórico hacia quien fue uno de los gobernantes más poderosos del Antiguo Egipto.
El “Proyecto Ramsés II”: ciencia al servicio de la historia
La momia fue trasladada al Museo del Hombre, en París, donde se acondicionaron espacios especiales con temperatura y humedad controladas. Los estudios revelaron un panorama alarmante: los científicos identificaron 89 tipos de hongos, entre ellos el agresivo Daedalea biennis, que estaba deteriorando los tejidos.

Para frenar el avance sin dañar el cuerpo, se utilizó una técnica innovadora para la época: irradiación con rayos gamma de Cobalto-60, un procedimiento que permitió esterilizar la momia sin aplicar sustancias líquidas que pudieran desintegrarla. Fue una de las primeras aplicaciones masivas de esta tecnología en restos arqueológicos de tal magnitud.
Durante los análisis también se realizaron radiografías y estudios forenses que revelaron datos sorprendentes sobre el faraón. Ramsés II padecía artritis severa, lo que probablemente le dificultaba caminar en sus últimos años, y presentaba una infección dental grave, posiblemente causa de septicemia.
El examen del cabello confirmó además que era pelirrojo, un rasgo poco común en el antiguo Egipto y culturalmente asociado al dios Seth.
Un faraón que desafió al tiempo
Ramsés II gobernó durante 66 años, tuvo más de 100 hijos y dejó monumentos emblemáticos como los templos de Abu Simbel. Tres milenios después de su muerte, volvió a ser protagonista de un acontecimiento mundial, esta vez no por sus conquistas militares sino por un viaje científico que combinó diplomacia, tecnología y patrimonio cultural.

Tras ocho meses de trabajo, la momia fue devuelta a Egipto. El entonces presidente Anwar el-Sadat expresó su agradecimiento al gobierno francés por la cooperación científica.
“La cooperación científica y técnica de nuestros países enorgullecerá a las generaciones futuras”, señaló en un mensaje dirigido a su homólogo francés.
Actualmente, los restos de Ramsés II se conservan en el Museo Nacional de la Civilización Egipcia, bajo estrictas condiciones de preservación.
La historia del faraón que cruzó fronteras tres mil años después de muerto demuestra que el legado del Antiguo Egipto no solo sobrevive al paso del tiempo, sino que sigue generando asombro en la era moderna.
