El túnel de Luis
El nuevo túnel de la Plaza de la Bandera, aparte de dar respuesta a uno de los problemas históricos de movilidad del Gran Santo Domingo, será uno de los principales legados materiales del presidente Luis Abinader.
Durante décadas, la intersección de las avenidas 27 de febrero y Gregorio Luperón fue un punto crítico para quienes se desplazaban hacia Santo Domingo Oeste, San Cristóbal y las provincias del Sur.
Y aunque la obra no elimina por sí sola el caos vial de la capital, al integrarse con el paso a desnivel de la avenida Isabel Aguiar, mejora la conexión con la autopista 6 de noviembre, corrige uno de sus cuellos de botella más conocidos y reduce estrés, pérdidas de tiempo, combustible y productividad.
La infraestructura, que requirió una inversión de 3,300 millones de pesos provenientes de la renegociación del contrato de concesión con Aerodom, beneficiará directa o indirectamente a unas 300,000 personas y pertenece al conjunto de obras de impacto desarrolladas desde el 2020 por la administración Abinader como son las circunvalaciones de Azua y Baní, la presa de Monte Grande y los teleféricos de Los Alcarrizos y Santiago.
También, la extensión del Metro hacia Santo Domingo Oeste y el desarrollo turístico y portuario de Cabo Rojo, en Pedernales. Realizaciones, algunas concebidas antes del 2020, pero que muestran la continuidad del Estado porque los gobiernos pasan, pero las obras útiles, permanecen.
Así las cosas, el túnel de la Plaza de la Bandera, o el túnel de Luis, representa una solución moderna para un problema antiguo y una devolución de tiempo y recursos para los ciudadanos. Enhorabuena.