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martes, julio 16, 2024
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En Jimaní viven cierre frontera desde pandemia y violencia en Haití

SANTO DOMINGO.- Con sonrisa irónica y según confiesa después, hasta con celos, el alcalde de Jimaní escucha las bondades que para con su par de Dajabón ha tenido el Gobierno central.

Cuando llega su turno de hablar, no teme abrirse y confesar que los jimaníes no han sido asistidos de la misma manera.

Dionisys Méndez, quien asumió en 2020 el Gobierno municipal de esta ciudad fronteriza, asegura que los productores locales, así como los comerciantes, no han sido considerados para las ayudas sociales que por la crisis suscitada con el vecino país, ha dispuesto el Poder Ejecutivo.

Hace énfasis en que lo que resulta novedoso para los habitantes de Dajabón tras los haitianos reiniciar la construcción de un canal de riego en el río Masacre, es cosa acostumbrada para su gente desde el inicio de la pandemia, el Magnicidio y la posterior instalación de bandas haitianas en las carreteras que comunican Jimaní con Puerto Príncipe, las cuales han obstaculizado el tránsito comercial.

El empobrecido municipio, de poco más de 13,000 habitantes, vivió en el pasado momentos cercanos a la gloria, favorecidos por su ubicación geográfica, que es más próxima a la capital haitiana.

Pero todo eso desapareció luego de la descentralización de la violencia en Haití, empujando el comercio a la vecina provincia de Elías Piña.

“A diferencia de Dajabón, nosotros no sabemos lo que es cobrar un arbitrio, porque no están dadas las condiciones para eso. Hemos convivido con una frontera cerrada desde el 2020 y ya nuestros munícipes están acostumbrados”, dice Méndez.

El otro paso

Obviamente, el trasiego de mercancías continúa aunque con los riesgos que implica. Dominicanos y haitianos que se sustentan del comercio informal han recurrido a pasos fronterizos no autorizados por los Gobiernos.
Figuran entre estos el Lago del Foso y el Paraje de la Tierra Nueva, vías utilizadas para llevar mercancías hasta los pueblos de Haití.

El fronterizo convive

El habitante fronterizo ha tenido desde siempre una comprensión distinta de las diferencias de los de allá con los de aquí y la crisis, al parecer, no ha cambiado eso.

Pensar que Jimaní está próximo a zonas controladas por bandas haitianas es cosa que causa curiosidad y hasta temor en un capitaleño, no así en la gente de Jimaní.

“La relación entre la comunidad fronteriza sigue igual, nada ha cambiado”, afirma Méndez al coincidir con su par de Dajabón, quien declaró que, posiblemente, haya cierta exageración en la forma de comunicar utilizada por algunos medios.

Rubén Peralta, Dionisys Méndez, José Alfredo Corripio, Santiago Riverón, José Monegro
y Rodrígo González Corripio.

“Allá la convivencia es pacífica”, reitera Méndez.

Su postura se torna crítica cuando se le pregunta por las medidas asumidas por el Ejecutivo. Considera que el conflicto no debió llegar tan lejos y que hubo fallas en el personal diplomático de ambos países. “Ambos cuerpos diplomáticos debieron ser sustituidos en su totalidad”.

Considera acertado el incremento de la presencia militar, aunque cuestiona el accionar de algunos que, según dice, “han cedido”.

Parturientas haitianas

Critica también a las parturientas haitianas en un hospital y dos unidades de atención primaria ubicadas en el municipio, afirmando que los residentes dominicanos deben acudir a otras localidades para poder ser atendidos. Según explica, ni siquiera los recientes conflictos con Haití han cambiado esa situación.

Entiende que el Gobierno no debió ceder a “las presiones ejercidas por grupos económicos” y mantener el cierre de la frontera.

Argumenta que el país cedió a los haitianos y que estos siguen construyendo el canal igual que antes.
“¿A cambio de qué retiró la medida?”, pregunta.

Sin empresas

La provincia Independencia es considerada en una Ley que crea incentivos fiscales a empresarios que decidan establecerse en la zona fronteriza.

Tras más de veinte años, Jimaní no cuenta con la primera gran industria y según Méndez, ni siquiera con una pequeña estructura.

Una dura realidad que les aisla aún más de la eterna promesa no ajena a ningún Gobierno reciente de desarrollar la zona, que desde luego, vive inmersa en una realidad muy distinta al tráfico de riqueza del norte, allá en Dajabón.

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