Escuchar con empatía también puede salvar vidas en una sala de emergencias

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Escuchar con empatía también puede salvar vidas en una sala de emergencias

La empatía no sólo mejora la experiencia del paciente, sino que también se convierte en una herramienta diagnóstica clave.

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En el contexto de la atención en emergencias, existe una condición silenciosa que pocas veces se diagnostica, pero que impacta directamente en la calidad de la atención, la falta de empatía. Aunque no se trata de una enfermedad en términos tradicionales, su ausencia puede afectar significativamente la relación médico-paciente, a la vez dificulta la obtención de información clínica y en algunos casos influir negativamente en el diagnóstico y tratamiento.

En salas de emergencia, donde el tiempo es limitado y la presión es alta, la comunicación tiende a volverse mecánica, centrada en síntomas y protocolos, dejando en segundo plano las emociones del paciente, quien muchas veces llega con miedo, dolor o incertidumbre.

La doctora Aurora Mena Báez, médica emergencióloga del los Centros de Diagnostico y Medicina Avanzada de conferencias Medicas y Telemedicina (Cedimat), explica que en la práctica diaria “muchos pacientes no logran expresar con claridad lo que sienten, no porque no quieran, sino porque el dolor, el miedo o la ansiedad los bloquea”.

Silencio del paciente Escuchar con empatía también puede salvar vidas en una sala de emergencias
Silencio del paciente

Silencio del paciente

Destaca que el silencio del paciente también comunica y debe ser interpretado clínicamente. La empatía no sólo mejora la experiencia del paciente, sino que también se convierte en una herramienta diagnóstica clave.

Desde la experiencia en sala de emergencia, se ha observado que los pacientes que se sienten escuchados colaboran mejor, brindan información más precisa y desarrollan mayor confianza en el equipo médico. Esto impacta directamente en la calidad de la atención. Sin embargo, la realidad hospitalaria muchas veces impone un ritmo acelerado que limita estos espacios de conexión. La sobrecarga asistencial, el alto volumen de pacientes y el desgaste emocional del personal de salud pueden hacer que la empatía se vea desplazada por la urgencia.

A pesar de esto, es importante entender que la empatía no necesariamente requiere más tiempo, sino mayor conciencia. Un saludo, una mirada directa, una explicación breve o incluso unos segundos de silencio pueden transformar la experiencia del paciente. En muchos casos, estos pequeños gestos son los que marcan la diferencia entre una atención fría y una atención verdaderamente humana.

Deshumanizar

Además, en un entorno donde la tecnología y los protocolos son cada vez más protagonistas, existe el riesgo de deshumanizar la práctica médica. La medicina moderna exige precisión, rapidez y conocimiento, pero no puede perder su esencia, el trato humano. La empatía permite equilibrar estos elementos, recordando que detrás de cada caso clínico hay una persona con emociones, historia y necesidades particulares.

La empatía no sólo cuida al paciente, también cuida al médico.

Realidad

— Su impacto
Otro aspecto relevante es el impacto que tiene la empatía en el propio médico. Diversos estudios han demostrado que una comunicación más humana no sólo beneficia al paciente, sino que también reduce el desgaste profesional, mejora la satisfacción laboral y fortalece el sentido de propósito del ejercicio de la medicina.

Habilidades comunicativas
Se hace necesario integrar la formación en habilidades comunicativas dentro de los programas de educación médica, especialmente en áreas críticas como la emergencia.

Aprender a escuchar, interpretar el lenguaje no verbal y manejar el silencio como parte de la consulta son competencias tan importantes como cualquier procedimiento técnico.


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