La frontera como doctrina

La visita a República Dominicana del presidente electo de Chile, José Antonio Kast, no fue un gesto protocolar sino una postura regional de implicaciones jurídicas y estratégicas.
Su encuentro con el presidente Luis Abinader y el recorrido por la frontera dominico-haitiana colocan en el centro del debate el dilema de hasta dónde llega la obligación humanitaria y dónde comienza el derecho soberano del Estado.
Según el derecho internacional, ningún Estado está obligado a renunciar al control de su territorio. La soberanía, la integridad territorial y la seguridad nacional no son consignas ideológicas sino principios fundacionales del orden jurídico moderno. Pero, al mismo tiempo, el principio de igualdad ante la ley exige que la política migratoria sea una norma general y no se convierta en privilegio ni en discriminación arbitraria.
Chile ha vivido su propia experiencia de desborde migratorio con impactos en la cohesión social y en la capacidad institucional del Estado. Precisamente la migración haitiana, junto a otros flujos, ha tensionado su sistema político y ha obligado a replantear el equilibrio entre derechos humanos y control estatal.
En ese contexto, la frontera dominicana adquiere una dimensión doctrinal porque no es solo una línea geográfica sino una expresión del ejercicio legítimo del poder público. Y la visita de Kast revela que América Latina está entrando en una fase de realismo político.
Porque la migración ya no se discute solo en términos morales sino en clave de gobernabilidad, seguridad y sostenibilidad del Estado. La crisis haitiana, prolongada y compleja, ha convertido a República Dominicana en la primera línea de contención de un problema regional que la comunidad internacional no ha sabido -o querido- resolver.
