Senasa: Hora de la verdad
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El caso del Seguro Nacional de Salud (Senasa), bautizado por el Ministerio Público como Operación Cobra, es una verdadera prueba de estrés para un sistema de justicia que ya carga con el peso de demasiadas decepciones.

Según la Procuraduría, se investiga un desfalco de miles de millones de pesos en la Administradora de Riesgos de Salud pública con hasta el momento ocho detenidos, entre ellos su exdirector y un rosario de cargos que van desde la coalición de funcionarios hasta el lavado de activos.

La sociedad observa, pero también sospecha cuando el equipo de recuperación del patrimonio público promete “firmeza y determinación” para recobrar cada peso distraído porque ya hemos visto esa vergonzosa película protagonizada por sonrientes imputados, abogados, fiscales y jueces.

En los casos Antipulpo, Coral y Calamar, la justicia abrió la puerta a criterios de oportunidad, delaciones premiadas y juicios abreviados que, aunque previstos en el Código Procesal Penal, terminaron instalando la peligrosa narrativa de que quien roba mucho, admite, chivatea, negocia y devuelve una parte, queda libre y con sus cuartos.

Sin embargo, en delitos de corrupción y lavado, la excepcionalidad de esos atajos debería ser extrema porque la propia norma permite decomisar bienes, perseguir las estructuras y reclamar la reparación integral del daño sin renunciar a la sanción penal. La Ley 155-17 contra el lavado de activos reafirma lo anterior.

Con el envío del expediente, el presidente Luis Abinader ya hizo su parte. Toca ahora al sistema judicial hacer la suya porque con Senasa lo que está en juego no es solo el dinero, sino la confianza mínima que sostiene la convivencia democrática. La población no aguanta más indignación ni expedientes ruidosos que al final se desinflan en acuerdos opacos.


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