Venezuela, Colombia y Panamá: tres terremotos, ¿por qué tanta diferencia en las víctimas?

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Venezuela, Colombia y Panamá: tres terremotos, ¿por qué tanta diferencia en las víctimas?
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SANTO DOMINGO.– Tres terremotos de magnitudes similares sacudieron Venezuela, Colombia y Panamá en menos de cuatro meses, pero sus consecuencias fueron profundamente distintas. Mientras el desastre venezolano dejó más de 5,000 fallecidos y el colombiano superó las 300 víctimas mortales, Panamá enfrentó un sismo de mayor magnitud sin registrar muertes confirmadas hasta este sábado 10 de octubre.

Los movimientos, ocurridos entre junio y octubre de 2026, ponen de relieve una realidad fundamental: la magnitud de un terremoto no determina por sí sola su capacidad destructiva. La profundidad, la ubicación del epicentro, la cantidad de personas expuestas y la resistencia de las edificaciones pueden marcar la diferencia entre daños materiales y una tragedia humana de grandes proporciones.

Venezuela: dos terremotos en menos de un minuto

El 24 de junio de 2026, Venezuela sufrió dos terremotos de magnitudes 7.2 y 7.5, separados por apenas 39 segundos, que golpearon la región centro-norte del país y afectaron áreas densamente pobladas, incluida la zona de influencia de Caracas.

La sucesión de movimientos provocó graves daños en viviendas, edificios e infraestructuras. El segundo terremoto se produjo cuando numerosas estructuras ya habían sido sometidas a una sacudida intensa, una circunstancia que pudo agravar los daños en construcciones vulnerables.

Los balances difundidos posteriormente situaron la cifra de fallecidos por encima de 5,000 personas, además de miles de heridos y familias que perdieron sus hogares.

La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) estimó en aproximadamente 37,000 millones de dólares los daños físicos directos a edificios e infraestructuras. El organismo aclaró que se trataba de una modelación preliminar y no de una cuantificación definitiva de las pérdidas.

La concentración de población en zonas afectadas, las condiciones del terreno y la vulnerabilidad de determinadas edificaciones contribuyeron a la gravedad de la emergencia.

Colombia: un terremoto profundo con centenares de víctimas

El 10 de agosto de 2026, Colombia enfrentó un terremoto de magnitud 7.4, cuyo epicentro se localizó cerca de San José del Palmar, en el departamento del Chocó.

Una de sus características principales fue la profundidad aproximada de 96 kilómetros, de acuerdo con los datos del Servicio Geológico Colombiano recogidos en informes de organismos internacionales.

Los terremotos profundos pueden sentirse en regiones extensas porque sus ondas sísmicas se propagan a grandes distancias. Sin embargo, la intensidad de la sacudida en superficie depende de múltiples factores y no puede establecerse únicamente a partir de la profundidad.

El movimiento causó daños considerables en viviendas, centros de salud y otras infraestructuras. Un balance humanitario correspondiente al 28 de agosto registró 331 fallecidos, además de miles de heridos y numerosas personas afectadas.

Aunque el número de víctimas fue considerablemente inferior al de Venezuela, el terremoto colombiano evidenció que un movimiento profundo también puede resultar devastador, especialmente cuando afecta comunidades con construcciones vulnerables y dificultades de acceso a servicios esenciales.

Panamá: magnitud 7.7 y ninguna muerte confirmada

El caso más reciente ocurrió el viernes 9 de octubre, cuando Panamá fue sacudida por un terremoto de magnitud 7.7, localizado cerca de Pitaloza Arriba, según los registros del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).

El sismo se originó a una profundidad aproximada de 12.6 kilómetros y fue seguido por numerosos movimientos secundarios, algunos de considerable intensidad.

Hasta este sábado, los balances disponibles no confirmaban víctimas mortales, aunque las autoridades reportaban al menos 27 heridos, evacuaciones y daños en viviendas, escuelas, carreteras y otras infraestructuras.

Las provincias de Veraguas, Herrera, Coclé y Los Santos figuraban entre las zonas afectadas. Las autoridades continuaban evaluando las consecuencias del terremoto, por lo que las cifras de daños y personas perjudicadas permanecían sujetas a actualización.

Una diferencia importante respecto a los otros dos desastres fue la distribución de la población expuesta. Las estimaciones del USGS indicaron que unas 43,000 personas estuvieron sometidas a niveles severos de sacudida, una cifra considerablemente menor que la exposición registrada en áreas afectadas por los terremotos de Venezuela y Colombia.

Panamá también cuenta con normativas de construcción sismorresistente, especialmente relevantes en edificaciones modernas. No obstante, atribuir la ausencia inicial de fallecidos exclusivamente a esas normas sería prematuro, ya que también influyeron la ubicación del epicentro, las características del movimiento y la distribución de la población.

¿Por qué un terremoto de 7.7 puede causar menos muertes que uno de 7.2?

La explicación comienza con una diferencia esencial entre dos conceptos que suelen confundirse: magnitud e intensidad sísmica.

La magnitud expresa el tamaño del terremoto a partir de la energía liberada. La intensidad, en cambio, describe cómo se manifiesta la sacudida en un lugar determinado, incluidos sus efectos sobre las personas, las construcciones y el entorno.

Por eso, un terremoto de magnitud 7.7 no necesariamente provoca más destrucción que uno de 7.2. Un movimiento de menor magnitud, pero más próximo a una ciudad densamente poblada, puede ocasionar consecuencias mucho más graves.

La profundidad del foco sísmico, la distancia al epicentro, la duración del movimiento y las características geológicas del terreno influyen en la fuerza con que las ondas llegan a las edificaciones.

También resulta determinante la vulnerabilidad estructural. Los edificios construidos sin criterios adecuados de ingeniería, con materiales deficientes o sobre terrenos inestables pueden sufrir daños graves o colapsar.

En contraste, una edificación correctamente diseñada, construida y mantenida para resistir movimientos sísmicos puede experimentar daños sin derrumbarse, lo que aumenta las posibilidades de supervivencia de sus ocupantes.

La lección que dejan los tres terremotos

La comparación entre Venezuela, Colombia y Panamá demuestra que el riesgo sísmico no depende únicamente de la fuerza de la naturaleza, sino también de las condiciones en que viven las personas y de la preparación de las comunidades.

Las diferencias observadas no permiten establecer que un país esté completamente preparado y otro no. Para llegar a esa conclusión sería necesario estudiar detalladamente las características de cada terremoto, las edificaciones afectadas y las condiciones de exposición.

Sin embargo, los tres casos refuerzan la importancia de aplicar normas de construcción sismorresistente, supervisar las obras, evaluar los terrenos y fortalecer los sistemas de prevención y respuesta.

La enseñanza principal es clara: los terremotos no pueden evitarse, pero sus consecuencias humanas pueden reducirse mediante decisiones de planificación, ingeniería y gestión del riesgo adoptadas mucho antes de que ocurra una emergencia.

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