¿Por qué siempre queda espacio para el postre?

Postre.
La cena de Navidad, como es tradicional, puede ser muy abundante y dejarnos con el estómago totalmente lleno. Pero a pesar de eso, de que sentimos que no nos cabe un solo bocado más, no nos negamos a probar cómo ha quedado el postre.
De alguna manera, no importa lo mucho que hayamos comido, siempre hay espacio para la parte dulce, ¿por qué? ¿Qué tienen los postres que nos permite decir sí, aunque estemos llenos?
Los japoneses tienen una palabra perfecta para esto: betsubara, que significa «otro estómago» o «estómago aparte».
Anatómicamente hablando no hay un espacio extra en nuestro estómago, pero la sensación de tener espacio para el postre está tan ampliamente difundida, que merece una explicación científica.
Lejos de ser algo imaginario, esta sensación refleja una serie de procesos fisiológicos y psicológicos que juntos hacen que le den al postre una apariencia única, incluso cuando el plato principal parece que colmó todos los límites.
Con los primeros bocados comienza un proceso llamado «acomodación gástrica»: los músculos se extienden creando una capacidad mayor a medida que se hace más presión.

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