Otra prueba para Luis
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La alocución del presidente Luis Abinader sobre las consecuencias económicas del conflicto entre Estados Unidos y aliados con Irán no debe leerse solo como una advertencia sobre el petróleo, la electricidad o el transporte, sino como una nueva prueba frente a crisis globales que escapan al control de cualquier gobierno.

Cuando Abinader asumió la presidencia en agosto del 2020 recibió un país paralizado por la pandemia del COVID-19. Tuvo que administrar una economía cerrada, manejar las restricciones sanitarias, impulsar la vacunación y conducir el difícil proceso de reapertura y recuperación productiva.

Ahora, en un contexto completamente distinto, vuelve a enfrentar un desafío externo. Las tensiones en el Medio Oriente amenazan con presionar los mercados energéticos internacionales, y en particular el precio del petróleo que circula por el estratégico estrecho de Ormuz. Para una economía abierta y dependiente de combustibles importados como la nuestra, eso se traduce inevitablemente en presiones sobre la energía, el transporte y los alimentos.

La importancia del mensaje presidencial radica en que preparó al país para entender esa realidad. Explicó que hay factores económicos que no se originan en decisiones internas sino en la dinámica de un sistema global altamente interconectado. Pero también dejó claro que el gobierno buscará amortiguar el impacto sobre los sectores más vulnerables.

Si algo revela este momento es que el liderazgo político rara vez se ejerce en tiempos de calma. A Abinader le ha tocado gobernar en medio de crisis sucesivas donde cambian las circunstancias, pero permanece la misma exigencia de anticipar, explicar y proteger. La ocasión reclama de unidad entre gobierno y oposición, ahorro, mesura y propuestas concretas.


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