Aguilera en la PUCMM

El discurso pronunciado por Leonardo Aguilera ante los 1,149 graduandos de la investidura ciento catorce de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) no fue una pieza de ocasión ni una felicitación rutinaria, y por tanto, merece ser valorado más allá del protocolo académico.
Sus palabras fueron una exhortación seria, oportuna y profundamente necesaria para una generación que entra al mundo profesional en medio de grandes oportunidades, pero también de enormes desafíos éticos, tecnológicos y humanos.
Aguilera habló con la autoridad de quien ha transitado la academia, la investigación económica, la consultoría internacional y la gestión institucional, pero, sobre todo, como un santiaguero que conoce esa universidad de cerca y como presidente ejecutivo del Banco de Reservas que bajo su conducción mantiene una presencia relevante en todo el desarrollo nacional.
Sin embargo, el mayor valor de sus palabras no estuvo en su cargo ni en su trayectoria, sino en el mensaje y el llamado ante la disciplina, humildad, el aprendizaje permanente, la ética y la responsabilidad frente a la inteligencia artificial.
Y es que en momentos cuando tantos jóvenes son seducidos por la cultura de la inmediatez, la apariencia y el éxito fácil, resulta saludable escuchar a una figura pública recordar que ningún título sustituye al carácter; que ningún talento prospera sin disciplina y que ninguna tecnología debe estar por encima de la dignidad humana.
Por eso, la participación de Leonardo Aguilera más que una intervención académica, fue una brújula. Una invitación a entender que graduarse no es solo recibir un diploma, sino asumir una responsabilidad ante la sociedad.
