Towns y los New York Knicks van a las Finales de la NBA

NUEVA YORK.- Para un deporte en el que un puñado de décimas de segundo pueden cambiar la historia, 27 años es una eternidad. Y ese fue el tiempo que necesitó New York Knicks para volver a las Finales de la NBA. Este lunes, con la amplia victoria por 130-93 sobre Cleveland Cavaliers que concretó la barrida, selló el pasaporte para la definición tan esperada. El equipo de la Gran Manzana recorrió el camino más largo, como canta No Te Va Gustar.
Del fervoroso abrazo de Allan Houston con Latrell Sprewell en 1999, al saludo, más moderado, entre Jalen Brunson y Karl-Anthony Towns. Del equipo de Jeff Van Gundy, al de Mike Brown. El Madison Square Garden será, por primera vez en este siglo, escenario de la disputa por el trofeo Larry O’Brien. Como en aquella lejana definición, el rival puede ser San Antonio Spurs, que iguala 2-2 en la serie contra Oklahoma City Thunder, equipo que por entonces no existía.
La transformación de los Knicks, hoy instalados en las Finales por primera vez desde 1999, no comenzó con su racha de once victorias consecutivas ni con los traspasos que reforzaron al plantel. Su origen se remonta varios años atrás, cuando la franquicia todavía era sinónimo de desorden y frustración.
La lista de jugadores que se esperaba que llevaran a los Knicks a la lucha por el título desde que Patrick Ewing dejó el equipo de New York fue muy extensa, pero solo acumularon desilusiones.
Stephon Marbury decepcionó a finales de la década de 2000. Tras el sueño frustrado de adquirir a LeBron James en 2010, los Knicks invirtieron en Amar’e Stoudemire, quien nunca logró consolidarse, con sus problemas de espalda a cuestas.
Carmelo Anthony fue señalado como el héroe que llevaría a New York a la cima de la NBA y los Knicks revolucionaron la franquicia para contar con él. Los fracasos se sucedieron una vez más y ni Melo ni el equipo lograron estar a la altura de lo esperado.
Todo cambió desde la llegada de Jalen Brunson a New York Knicks
El punto de inflexión apareció en 2022, en plena temporada perdedora. Mientras Dallas Mavericks lidiaba con la posibilidad de perder a Jalen Brunson, los Knicks detectaron una oportunidad. El conjunto que se circunscribía a la sobresaliente figura de Luka Doncic había rechazado ofrecerle a Brunson una extensión de cuatro años por 55 millones de dólares y, en su intento por mantener flexibilidad, dejó abierta una puerta que New York no tardó en identificar.
Las conexiones personales marcaban el rumbo: Rick Brunson, padre de Jalen, era un firme candidato a sumarse al cuerpo técnico de Tom Thibodeau; Leon Rose, presidente de los Knicks, había sido agente de la familia; y el propio Brunson conocía a Thibodeau desde la infancia. Dallas sabía que New York era su principal competidor, pero también creía tener una ventaja: los Knicks no tendrían espacio salarial para firmarlo. Por eso, antes del cierre del mercado, los Mavericks iniciaron conversaciones para un traspaso. Hubo múltiples propuestas, todas con un punto en común: Dallas exigía recuperar sus propias selecciones de primera ronda, enviadas años antes en el intercambio por Kristaps Porziņģis. New York se negó.
Con Rose y el especialista en tope salarial Brock Aller al mando, los Knicks habían abandonado la vieja costumbre de desprenderse de activos sin medir consecuencias. La estrategia era otra: acumular capital de draft, esperar el momento adecuado y actuar con precisión quirúrgica.
La paciencia dio resultado. Cuatro meses después, tras la explosión de Brunson en los playoffs con los Mavericks, los Knicks lograron contratarlo sin entregar un solo pick. Aller trabajó en la noche del draft de 2022 para liberar salario y sumar selecciones futuras. Así allanó el camino para la llegada de JB.
La apuesta de los Knicks por Brunson parecía otro camino sin salida, especialmente frente a algunas de las estrellas que dominaban el Este en ese momento: Giannis Antetokounmpo con Milwaukee Bucks, Jayson Tatum y Jaylen Brown en Boston Celtics e incluso Joel Embiid en Philadelphia 76ers.
