¿Por qué las familias prefieren lo privado?

La preferencia popular por la atención privada reside en que en lo público el paciente no es tratado con respeto porque no elige al médico ni determina su ingreso, mientras que en la medicina privada su poder es mucho mayor, ya que puede escoger al médico y determinar su nivel de ingreso
La sobrevivencia es existencial, ajena a prejuicios ideológicos sobre lo público o lo privado. Aún las familias más pobres hacen todo lo posible para recuperar la salud y evitar la muerte prematura, priorizando la capacidad resolutiva, el tiempo de espera, la atención oportuna y el trato personalizado.
De acuerdo a las estadísticas de la SISALRIL más del 75% de la población demanda los servicios privados, a pesar de su costo y del gasto de bolsillo. Una verdad tan incómoda que muchos la dan por sentada recurriendo a una explicación superficial para ocultar las causas verdaderas y las implicaciones para los más necesitados.
¿Por qué existe una diferencia tan notable entre los servicios médicos privados y los públicos, si en la gran mayoría de los casos son prestados por los mismos profesionales? ¿Cómo explicar que simultáneamente esos mismos médicos sean displicentes en los hospitales públicos y diligentes en las clínicas privadas? ¿Qué factores determinan la percepción popular que asocia a los hospitales con problemas y a las clínicas privadas con soluciones, a pesar de que esta polarización no siempre es real?
La principal explicación reside en que “los presupuestos de salud pública son insuficientes”. Que estos recursos limitados explican las carencias de medicamentos e insumos, la falta de mantenimiento y el deterioro de la infraestructura. Y que la solución mágica consiste en un mayor presupuesto para la salud pública. ¿Entonces la diferencia en la calidad de la atención se debe a que las clínicas privadas cuentan con más recursos que los hospitales públicos?
Dado que el médico no recibe ningún incentivo por los pacientes atendidos en el hospital, mientras más ineficiente sea el servicio público mayor será su clientela y su ingreso privado
Para conocer la verdad solo hay que analizar cómo se asignan los recursos y su impacto en la conducta del médico. En el hospital el paciente ni elige al médico ni influye en su ingreso, ya que el médico de antemano tiene asegurado un salario fijo independientemente de su dedicación y desempeño, sin ningún incentivo por la cantidad, calidad y oportunidad de los servicios. Resultado: cupos limitados, ausentismo, paros y huelgas.
En cambio, en su consultorio privado el paciente tiene poder porque al seleccionar al médico determina su nivel de ingreso. Ese mismo médico acude hasta los sábados, atiende a todos los pacientes, y hasta lo trata con mayor consideración para convertirlo en un cliente permanente. La libre elección y la modalidad de contratación determinan la diferencia en la práctica privada.
Exactamente existe idéntica diferencia en la capacidad resolutiva del hospital y la clínica. El presupuesto del hospital es fijo y lo recibe sin importar el volumen de pacientes atendidos, ni la capacidad resolutiva de los equipos y laboratorios, ni las condiciones de la planta física. Llueven los paros y las huelgas porque ellos no afectan el presupuesto previamente asignado.
En cambio, la clínica está obligada a garantizar el funcionamiento de todos los equipos y a mantener una planta física adecuada, porque de lo contrario los pacientes no vuelven, los ingresos caen y la clínica quiebra. Queda claro que la modalidad de asignación de los recursos constituye el principal determinante de la calidad y oportunidad de los servicios.
A estas diferencias notables debemos agregar un fuerte conflicto de interés que inclina la balanza hacia lo privado. Dado que el especialista no recibe ningún incentivo ni ingreso por los pacientes atendidos en el hospital, mientras más ineficiente sea el servicio público mayor será su clientela y su ingreso privado. La iglesia en manos de Lutero.
La polémica de si público o privado es estéril porque no responde a las urgencias de la gente. En general, la atención privada no es óptima, ni nada parecido, es sólo más oportuna, confiable y personalizada que la pública. El reto fundamental es cómo asignar los recursos disponibles asegurando que realmente se traduzcan en servicios tangibles y de calidad a favor de los pacientes. Continuará.
Al final del día, la falta de recursos es sólo un síntoma de una verdad más incómoda y profunda. Cierto que los recursos públicos son limitados, pero más cierto aún es que su asignación responde a políticas clientelistas y a presiones de minorías que reducen al colegio médico en un sindicado que paraliza impunemente servicios vitales derivados de un derecho constitucional.
