Consenso o imposición: la base del PRM en pie de lucha ante el reparto que amenaza con desplazar la meritocracia

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Consenso o imposición: la base del PRM en pie de lucha ante el reparto que amenaza con desplazar la meritocracia
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En el Partido Revolucionario Moderno, la palabra “consenso” se ha convertido en el centro de un debate cada vez más tenso y preocupante. Lo que en teoría debería ser un mecanismo para unificar criterios y fortalecer la democracia interna, hoy es visto por amplios sectores de la base como una vía para imponer decisiones desde arriba, desplazando a dirigentes con trayectoria por allegados sin historial político ni méritos comprobados.

La situación ha encendido las alarmas dentro del partido oficialista. Militantes que durante años han trabajado en las calles, defendiendo la organización en momentos difíciles, hoy sienten que están siendo ignorados. Denuncian que el llamado consenso no es más que un reparto disfrazado, donde las candidaturas y posiciones se negocian en mesas cerradas, sin tomar en cuenta los procesos institucionales ni lo que establecen los estatutos del partido.

Y es precisamente ahí donde radica el mayor peligro. Los estatutos del PRM no son un adorno; son la base normativa que regula la vida interna de la organización. Exigen requisitos claros para aspirar a posiciones, promueven la participación democrática y buscan garantizar igualdad de oportunidades. Sin embargo, cuando estos principios se vulneran en nombre de acuerdos políticos, se envía un mensaje devastador: que las reglas solo aplican para algunos.

Este escenario no solo afecta la moral de la militancia, sino que también pone en juego la credibilidad del partido ante la sociedad. El PRM llegó al poder con la promesa de hacer política diferente, de romper con las viejas prácticas de imposición y privilegios. Pero si permite que el “consenso” se convierta en una herramienta para favorecer a grupos cercanos al poder, estaría repitiendo exactamente aquello que tanto criticó.

La base está en alerta, y no es para menos. Lo que está en juego no es solo la distribución de posiciones, sino el futuro mismo del partido. Un partido que desconecta a su militancia y desconoce el valor del trabajo político está condenado a fracturarse desde adentro.

El momento exige reflexión y, sobre todo, corrección. El verdadero consenso no se impone, se construye con participación, transparencia y respeto a las normas. Ignorar ese principio podría salir muy caro.

El PRM aún está a tiempo de rectificar. Pero debe hacerlo ahora. Porque cuando la base se siente traicionada, no hay discurso que pueda contener el descontento. Y en política, las decisiones que se toman de espaldas a la gente, tarde o temprano, pasan factura.


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