PRM y el reto

El Partido Revolucionario Moderno (PRM) acaba de celebrar una reunión de su Comité Nacional que, más allá de las resoluciones, fechas y la elección del método convencional, dio inicio al decisivo proceso de su propia sucesión.
Luis Abinader no estará en la boleta de 2028 y eso abre el espacio para que los distintos liderazgos comiencen a moverse. Una dinámica que no es negativa ya que todos los partidos tienen aspiraciones, corrientes, debates y relevo. El problema surge cuando esas ambiciones dejan de ser expresión democrática y se convierten en facciones destructivas donde se aspira y también se conspira.
El PRM nació de una fractura del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), aquella poderosa maquinaria que, bajo el liderazgo inmenso de Peña Gómez, representó durante décadas una de las mayores fuerzas populares del país. Sin embargo, las denominadas luchas de tendencias, los resentimientos internos y la incapacidad de procesar inteligentemente las diferencias, terminaron reduciendo el instrumento.
Y esa historia debe servirle de espejo al PRM porque tener figuras con aspiraciones presidenciales no es una amenaza, lo peligroso sería que esas aspiraciones degeneren en parcelas, sabotajes o guerras prematuras por el poder.
Por tanto, el reto del PRM –y de Luis Abinader como su líder principal- es poder competir sin dividirse, renovarse sin excluir, justipreciar a su gente y demostrar que aprendió de la historia que lo precede. Porque los partidos no se destruyen de golpe, primero se fraccionan, luego se hieren, después se acostumbran a perder juntos… y finalmente quedan como nostalgia de lo que algún día fueron.
