El PRM y el peligro de repetir los errores del pasado

El Partido Revolucionario Moderno (PRM) está transitando un camino peligroso que, si no corrige a tiempo, podría sacarlo del poder más rápido de lo que muchos imaginan. La historia política dominicana ha demostrado que los partidos no se destruyen solamente por la oposición, sino también por sus propias prácticas internas cuando se alejan de la democracia y de las bases que los llevaron al poder.
La alternabilidad en los cargos de dirección del PRM debe darse de manera natural y democrática, porque eso es precisamente practicar con el ejemplo lo que tanto defendieron durante años desde la oposición. No se puede hablar de democracia hacia afuera mientras internamente se cierran los espacios y se pretende mantener eternamente a los mismos grupos dirigiendo el partido y controlando las decisiones.
Esa alternabilidad también debe aplicarse en el Congreso Nacional: en la presidencia de las cámaras, las vocerías y demás posiciones de dirección. El PRM no puede repetir los errores del PLD, un partido que terminó desgastándose por imponer siempre la reelección interna, mantener a los mismos rostros y crear una estructura cerrada donde una élite política era la única con derecho a decidir y dirigir.
La militancia del PRM ha hecho carrera política, ha trabajado en las calles, ha defendido el partido en los momentos difíciles y tiene pleno derecho a elegir y ser elegida. No puede existir un sistema de repartos, acuerdos de aposento o imposiciones que lesionen las aspiraciones legítimas de dirigentes y líderes emergentes que también merecen oportunidades.
El que quiera quedarse en un cargo debe demostrar su liderazgo sometiéndose al escrutinio de las bases, no siendo señalado desde arriba ni beneficiado por acuerdos internos. El verdadero liderazgo se valida en las urnas, no en oficinas cerradas ni en negociaciones entre grupos.
Por eso el PRM debe enviar una señal clara y firme a su militancia: que en ese partido todo el mundo tiene derecho a participar, competir y aspirar sin temor ni exclusiones. La democracia se fortalece cuando participan las mayorías y cuando gana el que las bases deciden libremente.
Si el PRM no practica esa democracia interna que tanto predicó, entonces comenzará a desconectarse de su propia gente. Y cuando un partido pierde el entusiasmo y la confianza de sus bases, empieza también a perder el poder.
Nadie seguirá militando con pasión en una organización donde solamente un grupito tenga el derecho exclusivo de tomar decisiones, dirigir y repartirse las posiciones. Los partidos que olvidan a su militancia terminan pagando un alto precio político.
El PRM todavía está a tiempo de corregir. Pero debe entender que la soberbia, el continuismo y el reparto interno han sido históricamente el principio del fin de muchos proyectos políticos en la República Dominicana.
