San Juan y la GoldQuest
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El debate sobre el Proyecto Romero para la extracción de oro de la empresa minera GoldQuest, en San Juan de la Maguana, ha estado cargado de comprensibles temores, pero también de confusiones que han distorsionado el debate.

San Juan vive de su tierra, de sus ríos y de su vocación agrícola, por tanto, un proyecto no minero puede colocarse por encima de esa realidad, pero tampoco es justo condenar anticipadamente una iniciativa que aún está en fase de estudios ambientales y sin autorización de explotación.

GoldQuest ha planteado elementos que merecen ser considerados como que será una operación subterránea y no a cielo abierto; un modelo de bajo impacto con ausencia de mercurio, cianuro y reciclaje de agua; sin presa de cola y su disposición a someterse a evaluaciones, veeduría y controles técnicos.

Y es que en temas ambientales no basta con tener razón técnica, también hay que construir confianza social. Y esa confianza solo se gana con transparencia, información oportuna -que ha fallado-, apertura a la fiscalización y respeto a las comunidades.

El país necesita inversión, empleos, exportaciones e ingresos fiscales, y el Proyecto Romero, proyectado a ocho años y con una inversión de más de 400 millones de dólares, promete entre 3 y 6 mil empleos, pago de tributos por mil millones de dólares y una contribución a la provincia de más de 650 millones de pesos.

Por tanto, si GoldQuest puede demostrar que Romero es viable sin afectar el agua, la agricultura y el equilibrio ecológico de San Juan, debe ser aprobado. Porque aquí no se trata de aplaudir a una empresa por ser empresa, ni de satanizarla por ser minera. Se trata de permitir que la evidencia hable.


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